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El efecto halo... La primera impresión, ¡sí importa!



En el artículo anterior hablábamos de la importancia de cuidar nuestra Imagen Personal, para que esta comunique de manera adecuada nuestra esencia y personalidad, pero resulta más importante aún procurarla, cuando queremos o necesitamos dar una buena Primera Impresión.


¿Qué es la Primera Impresión?


Resulta que esta primer impresión está directamente relacionada con uno de los sesgos cognitivos más conocidos de la Psicología y que se observa con gran frecuencia en la vida cotidiana y nosotros, ¡ni si quiera nos damos cuenta!: El Efecto Halo.


Este llamado Efecto Halo, consiste en “la realización de una generalización errónea a partir de una sola característica o cualidad de un objeto o de una persona”. Es decir, realizamos un juicio previo a partir del cual generalizamos el resto de las características. Aplicado a las relaciones interpersonales de cualquier índole, este concepto hace referencia a la tendencia natural que tenemos de seleccionar y generalizar los rasgos positivos o negativos de un individuo, por la primera impresión.


Esté fenómeno psicológico, fue descrito por primera vez por el Psicólogo Edward L. Thorndike en 1920, cuando, en sus investigaciones con el ejército, observó que los oficiales imputaban a sus soldados una valoración positiva o negativa, partiendo de una sola característica o de un solo rasgo.


Después, en el año 1977, los psicólogos sociales Richard Nisbett y Timothy Wilson demostraron en otro estudio, que no somos conscientes de la influencia del efecto halo sobre nuestros juicios. En su investigación, seleccionaron diversos participantes y los dividieron en dos grupos para que vieran un vídeo con la presentación de un mismo ponente pero con diferente actitud. Posteriormente se les pidió que describieran otros atributos, tales como el físico, en dónde como resultado se obtuvo que el grupo que presenció una actitud positiva lo describía como una persona simpática y atractiva, y quienes presenciaron su faceta negativa, lo calificaron con adjetivos menos favorecedores. Pero lo más interesante de este estudio fue cuando se entrevistó a cada uno de los participantes y se les planteó la posibilidad de que su afecto o aversión hacia el ponente hubieran afectado sus puntuaciones, la mayoría afirmó que sus juicios eran total y absolutamente objetivos.


De todo lo anterior, podemos concluir en un hecho muy simple:

“Las personas emitimos juicios de valor de forma natural y habitual”;

Y lo hacemos, sin la mala intención de hacerlo. No buscamos etiquetar ni juzgar a la ligera, pero lo hacemos por un hecho del que tampoco somos siempre conscientes: Nuestro cerebro necesita hacerse una rápida idea sobre aquello que le rodea. De ahí que, en la mayoría de las ocasiones, le sea suficiente una sola característica para hacer una deducción general, que no siempre es acertada.



Si lo pensamos bien, este análisis natural o sentencia inconsciente, se muestra en acciones y situaciones tan cotidianas casi sin darnos cuenta, como cuando estamos en la Sala de Espera de algún lugar e identificamos a una persona con un grupo social o historia en particular, según su apariencia física; incluso también cuando estamos en una entrevista de trabajo, en dónde el entrevistador, al ver un rasgo positivo en el entrevistado, comienza a pasar por alto los rasgos negativos o les presta menos atención, o viceversa; y desde luego también en las relaciones personales, cuando vemos a alguien atractivo y asumimos, de forma inconsciente, que también su personalidad nos resultará igual de agradable. Así mismo, podemos observar el Efecto Halo, cuando sabemos a qué se dedica una persona: abogado, carpintero o recepcionista, e inmediatamente establecemos cuál es su perfil.


Y así, podría seguir dando ejemplos de como sucede este sesgo cognitivo de forma automática e inconsciente, apoyando quizá esa afirmación que tantas veces hemos escuchado, acerca de que “la primera impresión es lo que cuenta”. Por ello, es cierto que es muy necesario atender todos aquellos elementos que nos ayudan a proyectar la imagen que deseamos, pero es muy importante que lo hagamos sin perder nuestra identidad y naturalidad.


¡Sé tú mism@, Sé grandios@, Sé feliz!


Paulina Loya

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