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El Obrador de Trump, la retórica del enemigo



Entre Hacer a América grande otra vez y Juntos haremos historia no existe una gran diferencia en el fondo, son dos eslóganes de campaña en los que se promete devolver la grandeza a sus países; países que se encontraban sumergidos en un sistema “enfermo” que impedía el crecimiento de ambas naciones hacia un cauce radical, justo e impetrado por el pueblo.


Ambos redentores populistas que recogen la angustia como incertidumbre y proyectan frustraciones de forma efectiva, apelan a las emociones de su electorado, porque no son líderes de todos; únicamente representan a los que están con ellos, los demás son opositores. Existen dos bandos nada más y es aquí donde alimentan el ego, ya que la polarización no es un ejercicio unilateral, con la premisa de provocar y polemizar para permanecer en boga.

Los papeles de los dos lideres en este guión por el poder han sido de rockstars, rebeldes con causa, anti sistema, salvadores; por lo que se perciben intolerantes. En conferencias de prensa no le gusta ser cuestionados ni tener que explicarse aunque siempre tienen respuesta para todo, tengan otros datos o no se imponen, descalifican a los medios que disienten o cuestionan su información y acciones, calificándolos como deshonestos.


En cada aparición constante y protagónica se dirigen a esa base politica, probablemente sin ningún tipo de razón y lógica en el discurso, pero provocan magnetismo con la fuerza asertiva de la emoción del enojo en aquellos ciudadanos indignados que buscan soluciones rápidas y simples, favoreciendo la retórica demagógica. Como decía Max Weber “Desde la aparición del Estado constitucional y más completamente desde la instauración de la democracia, el demagogo es la figura típica del jefe político en Occidente.”

Ambos líderes políticos conservadores y populistas juegan con la narrativa mesiánica y narcisista, enfatizando en la creación de una amenaza, un peligro. Marco ideal para un salvador, ellos.

Un Donald Trump proteccionista defendiendo la bandera del racismo como causa, argumentando una raza superior y una campaña anti migrantes fue la formula que le valió el triunfo de las elecciones de 2016. Tomando en cuenta que en EUA no importa cuántos votan sino quiénes. Es ese Colegio Electoral quién hace la diferencia, con tan solo 270 votos se garantiza una plaza en la Casa Blanca. Trump sabe que si mantiene ese discurso reafirma en los próximos comicios los estados republicanos (rojos) y en los péndulo puede abrir debate, esto pese a que Estados Unidos desde un análisis histórico es un país trabajado por la comunidad Afroamericana y Latina.

Y por otro lado un Andrés Manuel López Obrador con una fuerza moral que lo exime del Coronavirus con una etiqueta falaz de estadista liberal que contrasta con un discurso conservador, en el que difunde una cartilla moral por encima de las constitución, ha creado en la narrativa un personaje austero, democrático y anti corrupción y nepotismo, esto únicamente en el discurso porque no ha demostrado ser un gobierno laico, democrático y menos meritocrático.

Un gobierno con consultas no consensuadas para las tomas de decisiones, donde cada mañanera simula una misa dominical, donde los beneficiados únicamente han cambado la estafeta. Un gobierno mexicano a merced del vecino del norte, como anillo al dedo para la política reivindicadora de Trump.

Obrador parece el Frankeistein de Trump, tanto Trump como López Obrador mantienen discursos populistas, autoritarios y nacionalistas, donde solo existen sus amenazas, sus provocaciones, sus chistes, sus confesiones. Lo que importa es que su historia sea el relato de todos. Este es uno de los elementos fundamentales para convertir a una sociedad en un círculo carismático.

Ambos presidentes plantean una visión maniquea del presente, se mueven entre el mito y la utopía, desconfían de las instituciones. Son vendedores de cambio, de ideologías anti globalización.

Con narrativas de despecho y un megáfono son líderes únicos con un solo idioma, el propio. Maestros del marketing y la comunicación en campaña porque en gobierno ha sido deficiente y caprichosa incluso para envolver a sus simpatizantes, convenciéndoles que están juntos en la lucha para vencer a aquellos enemigos en común, personajes que han deshonrado la actividad de gobernar por un enfermedad llamada poder. ¿Les suena? Esto porque la forma de hacer politica no la han cambiado, nada mas cambiaron el nombre del enemigo. Son el cambio en el presente pero no en un futuro.

Amigos y enemigos del sistema, amigos en las decisiones y enemigos en la retórica.



Mariafernanda Bolaños Casillas

Comunicación y Marketing Político

@mariferbcasillas

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