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Imagen personal: Superficialidad o amor a uno mismo



Anteriormente ya hemos hablado sobre la importancia de cuidar nuestra Imagen Personal, la cual radica en que, queramos o no, nuestro cuerpo, vestimenta y el resto que la componen, siempre comunican un mensaje. Así que, tratemos de dar el mensaje correcto. Hasta este punto, seguramente habrá muchos que sigan considerando este tema como algo frívolo, y es que, si lo pensamos bien, en cierta forma puede serlo. Ya que si hablamos de cuidar la ropa que utilizamos, el peinado, los complementos, hasta considerar incluso la postura que tenemos al permanecer de pie, cuando caminamos, y la forma en que tomamos asiento, hasta aquí, todos estos elementos, tienen que ver con nuestro aspecto físico, que comúnmente relacionamos con detalles meramente SUPERFICIALES.


Pero si tomamos en cuenta que todos estos componentes pueden transformarse en una herramienta para lograr nuestros objetivos, cualesquiera que sean, a nivel personal o profesional, el asunto va tomando relevancia, ¿no?


Por otro lado, si comprendemos que cuidar nuestra Imagen personal, implica darnos la oportunidad de descubrirnos, para comenzar a conocernos, amarnos, aceptarnos, y llevar al máximo nuestras fortalezas para proyectar lo que realmente somos en esencia, si lo vemos de esta forma, creo que sería el MÁS GRANDE ACTO DE AMOR HACIA NOSOTROS MISMOS, ¿no crees?




Podemos decir que, en la mayoría de las ocasiones, nuestra imagen es una representación externa de cómo nos sentimos por dentro. Seguramente les ha ocurrido que, según el humor que tengamos ese día, es la ropa que elegimos para vestirnos: si amanecemos de buenas y optimistas, escogemos colores agradables a la vista, y hasta nos estrenamos aquello que teníamos guardado para “ese día especial”; pero si nuestro descanso no fue el adecuado o, por el motivo que sea, nuestra actitud es algo pesimista o cabizbaja, los colores seguramente serán más oscuros, y de pronto, hasta elegimos aquellas prendas que no nos favorecen del todo. Y esto sucede porque regularmente, nos vestimos como nos sentimos.


¿Qué tal si comenzamos a aplicarlo en sentido inverso? Es decir, que nos vistamos, ¡para sentirnos mejor!.

Pensemos en lo siguiente, cuando alguno de tus seres queridos se encuentra algo triste, lo primero que viene a la cabeza sería tal vez: ¿Cómo puedo ayudarlo a sentirse mejor?, y así por inercia, le brindamos un apachacho, acto seguido, sentimos la necesidad de hacer algo para que sonría y hacerle pasar más rápido ese mal momento. ¿Que sucedería si aplicamos eso mismo, hacia nosotros mismos? Que sin importar que tan mal nos sintamos, ni lo que vengamos arrastrando, apapachemos nuestro cuerpo y reconfortemos nuestra alma, de tal forma que cuando se vea al espejo, pueda ver que, sin importar lo que suceda, en esencia es ese maravilloso y auténtico Ser, que ve en su reflejo.


¡Sé tú mism@, Sé grandios@, Sé feliz!


Paulina Loya

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