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¡Prepárate, ejercítate y logra hablar en público!



“El hombre es su palabra, es su imagen fiel. Ella lo conforma y lo define” Jesus Muñoz Cota

Decía bien Muñoz Cota cuando afirmaba que el hombre es su palabra, pues sabemos que hablar en público y expresarse con eficiencia, siempre ha sido una competencia fundamental, no solo en el mundo de los negocios o profesional, sino también en el ámbito personal, el comunicarse eficientemente genera una imagen de poder, de elocuencia y sin lugar a dudas genera liderazgos.

Hemos escuchado historias como las de Obama con su famoso discurso “Yes We can” que catapultó su carrera política en forma determinante, o a Marthin Luther King con su emblemático discurso: “Tengo un sueño”; a los clásicos Demóstenes y Pericles, o a mujeres como Rigoberta Menchu, Beatriz Paredes, Oprah Winfrey, que han pasado a la posteridad gracias a la elocuencia con la que contaban y cuentan, compartiendo la característica común de ser grandes influenciadores de masas por su capacidad para transmitir ideas y despertar emociones.

Es así, que hoy como hace años, sigue siendo una habilidad básica. ¿Pero cómo detonarla, cómo desarrollar la capacidad de comunicarse efectivamente a través de un discurso o de una presentación profesional?

Los antiguos griegos consideraban 3 factores básicos para desarrollarse en el ámbito de la elocuencia, a saber: Físicos, Intelectuales y Morales. Hoy siguen siendo vigentes, su riqueza es que buscan desarrollar en el orador competencias y atributos que lo hagan un excelente comunicador.

Factores, que en los siguientes párrafos te compartiré.

Señalaban como primer factor las cualidades físicas, que a su vez se integraban por presencia, voz y acción.

En cuanto a la Presencia, sentenciaban que el orador debe ser como una “escultura viviente”, es decir, se referían al dominio total que el orador debe tener sobre su propio cuerpo. Sin verse acartonado, pero evitando movimientos innecesarios como el típico “bailar” mientras hablamos o demasiado movimiento que puede llegar a distraer a la audiencia; hemos de cuidar nuestra posición si estamos en un pódium, evitar recargarse en él, pues perdemos prestancia; el orador debe verse en todo momento majestuoso, seguro y dueño de sí mismo.



En mis clases de oratoria, lo primero que enseño a mis alumnos es a dominar el estar de pie en una sola posición, sin objetos en las manos. Una vez que lo logran, el aprender a moverse en un escenario es mucho más simple, pues ya han hecho conciencia del poder de la presencia en el escenario a través del dominio corporal.

En cuanto a la Acción, nos referimos al uso de nuestros ademanes, y aunque existen varios tipos de ellos (los que ilustran o describen, los que afirman o niegan, etc.), hemos de tener presente que nuestros ademanes deben fluir naturales, jamás exceder la dimensión natural de nuestro propio cuerpo, pues se verían sobreactuados o exagerados y perderíamos elegancia. La Comunicación no verbal también está incluida en este segmento, manos, gestos, movimiento de nuestro cuerpo deben ser una sinfonía que comunique congruentemente con nuestro mensaje.

La Voz, es el vehículo que permite entregar palabras y convertirlas en pensamientos, acción, etc., en la mente del público; una voz educada, sin lugar a dudas cautiva, en sentido contrario una voz chillona, gangosa, apagada, sin volumen, etc., no permitirá que el mensaje genere esa relación entre el orador y el público.

Por otro lado, tenemos los factores o cualidades Intelectuales del orador, que se refieren a contar con conocimiento o cultura; buena memoria e imaginación y sensibilidad para entregar el mensaje.

Es central para el orador leer, informarse, prepararse, saber. Un buen orador es aquel que tiene el conocimiento y lo ha “digerido”, por lo que puede transmitirlo en diferentes formas a su público: sea para informar, persuadir, convencer o incluso entretener. Siempre he admirado, particularmente, a los comunicadores que hacen “fácil lo difícil”, esto es un verdadero reto para un buen orador y permite que el mensaje sea captado por el público en forma sencilla, garantizando que lo hagan propio y lo puedan a su vez transmitir, esta cualidad, también genera credibilidad en el orador y en su mensaje.

Por último, nos referimos a las cualidades Morales, amparadas en dos palabras hermosas y que establecen un fuerte compromiso del orador con su público, nos referimos a la ENTEREZA Y al CARÁCTER. En este sentido abarcan la congruencia intelectual y la integridad del orador.


Sea el tema que sea el que se aborde el orador tiene como obligación obrar en forma ética. Decía Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.” Y esta frase aplica perfecto a los oradores, un orador no puede servirse de la palabra para afectar a su público en ninguna forma. Su acción, el fondo y la forma de su mensaje deben ser moralmente correctos; el orador o la oradora ejercen liderazgos reales ante su público y su palabra debe siempre ir dirigida al bien obrar y al bien pensar.



Por otro lado, es importante comentar, que el orador, para llegar a serlo, tiene que tener amplia preparación, disciplina, formarse constantemente, necesita CARÁCTER. Hablar en público es un arte que puede aprenderse, para ello se necesitan ganas de enfrentarse a uno mismo, a sus miedos e inseguridades, así como un análisis profundo para construir un discurso propio.

Leemos muchos consejos o “tips” para vencer el miedo a hablar en público. En el caso del nerviosismo que podemos sentir ante una presentación, hemos de comentar que los nervios siempre estarán ahí, incluso los oradores más experimentados los sentimos. Pero, con el tiempo, disciplina y preparación, entendemos que el nerviosismo se puede convertir en un aliado que nos genere atención y pasión.

En mis años de maestra, impartiendo cursos de oratoria, presentaciones efectivas o formación de instructores, han llegado a mis cursos personas con un talento natural y otros que les cuesta trabajo, mucho trabajo hablar en público. Sin embargo, al final del curso, aquellos que se han disciplinado, que han vencido sus miedos, que se han preparado, son los que han llegado a dominar la palabra, la posibilidad de expresarse ante un público y de comunicar en forma eficiente un mensaje que conmueva, que mueva, persuada, entretenga o informe a su público; la técnica está ahí para ser enseñada, el secreto para dominar “El Arte de Hablar en Público” reside en ti y se llama compromiso.

Puedes comenzar por aplicar algunos principios que desarrollen tus cualidades para convertirte en un excelente orador hoy mismo. ¡La decisión es tuya!


Mayte García Miravete

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