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¿Tenemos más estrés hoy en día porque ejercitamos menos el cerebro?



Nuestros antepasados contaban con un cerebro menos desarrollado, con menos funciones ejecutivas, que se han ido desarrollando a través de la evolución y la experiencia. Ya sabemos que es a través de aquellas cosas nuevas y diferentes que realizamos que ampliamos nuestros circuitos cerebrales, creamos conexiones sinápticas nuevas y, como consecuencia, mejoramos las capacidades de nuestro cerebro. Nos hacemos más potentes a nivel cerebral. 


Ellos tenían que ir a cazar, ellas tenían que hacer la comida, vigilar el hogar, cuidar de los más pequeños y educarlos. A pesar de la complicación que cualquiera de esas tareas envuelve (no me puedo ni imaginar cazando) los días eran bastante parecidos unos a otros.


Los retos y amenazas estaban relacionados con la supervivencia, y no con el desarrollo de funciones ejecutivas superiores como la lógica o las matemáticas. 


Remontándonos unos pocos años atrás, los años 50 o incluso a los famosos 80 por ejemplo, las funciones ejecutivas estaban en su pleno potencial, como hoy en día las conocemos (aunque, quién sabe, quizás aún podamos desarrollar capacidades nuevas). 


El cerebro se desarrolló. 


Las funciones ejecutivas superiores como la lógica, la comparación de alternativas, el razonamiento, la organización y planificación, entre otras, eran utilizadas en la misma medida que en la actualidad. 


Como sabemos, el cerebro tiene energía, y esa energía debe gastarse. 



El problema es que hoy en día, podemos hacer muchas más cosas, tanto la tecnología como la globalización lo han facilitado, pero no aplicamos el mismo esfuerzo cognitivo a las tareas realizadas. El mundo gira en torno a la reducción de energía.


Antiguamente, irse de viaje y tomar fotografías resultaba más complejo de lo que es ahora. Tocaba llevar la cámara de video o la cámara analógica (en caso de tenerla), que todo el mundo se colocara en posición, y sacar la fotografía. Sin opción de repetición, el “momento foto” llevaba unos cuantos minutos. 


En cambio, hoy en día, prácticamente cualquier persona dispone de un Smartphone que hará mejores o peores fotos. Cuando viajamos, hacemos fotografías continua y rápidamente, diferentes tomas, y a todo lo que queramos. Sin límite, más allá del espacio de memoria del propio dispositivo. El cerebro invierte menos energía. No se trata de una actividad que requiera un esfuerzo cognitivo elevado. Cualquier niño de 5 años puede hacer una foto maravillosa. Ahorro de energía.


Hace unos pocos años, el hecho de tomar la carretera para ir de un punto A a un punto B desconocido requería la utilización de un mapa. Era todo un proceso. Se tenía que procurar ir acompañado para evitar sacar los ojos de la carretera, desplegar el mapa, ubicarse e ir siguiendo con atención cada detalle del terreno para evitar perderse. Cosa que sucedía continuamente. 


Incluso llamar por teléfono requería más esfuerzo. Debías tener el número apuntado, o sabértelo de memoria, marcarlo manualmente y después llamar, y esperar que la persona estuviera en casa. Las personas no tenían un teléfono móvil. En el año 2019, no hace falta conocer ningún número de teléfono de memoria, simplemente con marcarlo podemos llamar, desde cualquier lugar del mundo a cualquier otro lugar del mundo. Ahorro de energía


Simplemente un par de años atrás, la aplicación Instagram se utilizaba de forma diferente. Para conseguir más likes y aumentar el narcisismo de cada uno de nosotros, tras realizar muchas fotos, escogíamos la mejor, aplicábamos filtros hasta dejarla perfecta, pensábamos una frase inspiradora para nuestros followers y colgábamos la fotografía. Seguramente después comprobábamos el número de likes generados. 


Hoy, la publicación de fotografías ha sido sustituida en gran medida por la publicación de “stories”, un formato que requiere, de nuevo, menos esfuerzo. No requiere que la foto sea impecable sino más bien divertida y entretenida (únicamente estará en línea 24 horas y, después, desaparecerá), y tampoco hay que pensar una frase inspiradora. El usuario medio de la plataforma, prefiere los stories y publica muchos más que publicaciones regulares. El esfuerzo cognitivo realizado es inferior. 


Todo ello son buenísimas noticias. Avanzamos y nos facilitamos la vida en todos los aspectos. 



El problema viene en el momento en que no encontramos forma de gastar esa energía cerebral con la que contamos. Antiguamente teníamos un trabajo y tiempo libre. Hoy en día es lo mismo, pero en ese tiempo libre, a pesar de tener mucha diversificación en las opciones de ocio, muchas de ellas requieren menos esfuerzo (ver películas en Netflix requiere mucho menos esfuerzo tanto físico como económico y de tiempo que cuando íbamos al cine, por ejemplo).


La energía cerebral debemos consumirla. Como toda clase de energía. Nuestro día a día nos da pocas opciones para gastarla de manera efectiva. Y eso nos deja con un resultado que puede ser fatal: por un lado, nos cuesta concentrarnos, centrar la atención y ser eficientes, pues vamos perdiendo práctica. Por otro lado, esa energía puede quemarse en forma de pensamientos, ya que no realizamos tareas concretas que requieran del alto esfuerzo mental necesario. Mucha gente confiesa pensar demasiado las cosas, generarse ansiedad y angustia,aunque no sea real y únicamente imaginada. ¿Tienes la sensación de darle demasiadas vueltas a las cosas? ¿Sientes que vives en tu cabeza? Quizás sea porque no has quemado la suficiente energía. 


Urge consumir energía. Encuentra la manera. Estudia, descubre constantemente cosas nuevas, que requieran que tu cerebro, tu sistema 2 se active y actúe. O bien busca técnicas de meditación y relajación para evitar la saturación y convertir ese pensamiento en positivo. Verás que dejas de preocuparte tanto por las pequeñas cosas que te agobian. 


Mtra. Mónica Ayala

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